valdemaro       Al editar esta novela dio Guillermo Carnero la primera muestra de su propósito de rebatir el tópico de la falta de este género literario en nuestro siglo XVIII, en contraste con su auge en Francia e Inglaterra. El autor, nacido en 1762, fue fraile franciscano, y la investigación pudo contar con los fondos de la Curia Franciscana de Valencia y con bibliotecas particulares de la ciudad. Habida cuenta de la ausencia de Martínez Colomer en los repertorios bibliográficos, o de su presencia parcial y lastrada por numerosos errores, Carnero catalogó sus obras, anotó los repertorios que las mencionan y la localización de ejemplares de cada una de ellas, procedimiento que adoptó desde entonces cuando se trata de identificar obras olvidadas.


       Las de Martínez Colomer se dividen en histórico-políticas, poéticas, narrativas y religiosas. Las primeras ofrecen un testimonio interesante, por su procedencia periférica, de los antecedentes y comienzos de la Guerra de la Independencia. Sus poemas, de circunstancias, líricos, filosóficos y patrióticos, se publicaron en 1818.


    La obra narrativa de Martínez Colomer incluye una Nueva colección de novelas ejemplares (1790), El impío por vanidad (1795), Sor Inés (1815), El Valdemaro (1792), y una traducción (1813) de la Vida del joven René de Chateaubriand. Su universo narrativo, nos dice Carnero, consta de relatos de costumbres contemporáneas, junto a otros fantásticos, exóticos y de aventuras; los caracterizan el propósito didáctico, la introspección propiciada por la naturaleza y la exaltación sentimental.


      La principal de las obras de Martínez Colomer, la única por la que merece ser recordado, es El Valdemaro. Heredera del Persiles de Cervantes, presenta un argumento enrevesado sustentado en coincidencias asombrosas, revelación de identidades ocultas, conductas apasionadas e ingredientes sobrenaturales, si bien pertenecientes al ámbito de la alegoría moral o explicados por el desarreglo psíquico y emocional de quienes los perciben. Carnero señala que la novela tuvo gran éxito en su tiempo, debido en buena parte al personaje de Felisinda, “uno de los más enternecedores tipos femeninos de la literatura española, nueva Dido que simboliza la persecución utópica del goce y del placer al margen de las exigencias del deber y de las imposiciones de la realidad”.


Vicente Martínez Colomer. El Valdemaro. Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, 1985 

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       Entre 1990 y 2010 Guillermo Carnero se ocupó, en cuatro volúmenes, profusamente anotados, ilustrados y provistos de eruditos estudios preliminares, de sacar del olvido las que ha llamado “obras raras y desconocidas” de Ignacio de Luzán (1702-1754), el mejor representante en nuestro país de la teoría y la preceptiva neoclásica. 

 

       El primer volumen de esa tarea de recuperación apareció en 1990, conteniendo cinco producciones de Luzán, de las cuales sólo la segunda se imprimió en vida de su autor, habiendo quedado las restantes manuscritas.

 

        Los epigramas de Weigel se publicaron en Nuremberg y 1712, y la traducción por Luzán se encuentra manuscrita en la Biblioteca Nacional de Madrid. Se trata de un compendio de composiciones en verso sobre episodios escogidos del Antiguo y el Nuevo Testamento, cuya traducción (257 octavas) hubo de emprender Ignacio de Luzán  como ejercicio juvenil de latinidad. La Carta latina de Ignacio Philalethes… es una defensa de la cultura española, y asimismo un ataque al deán de Alicante Manuel Martí y al erudito valenciano Gregorio Mayans. Se publica en este volumen en versión bilingüe, latina y española.

 

       El Plan de una Academia de Ciencias y Artes respondía al proyecto de reunir en una las Reales Academias Española y de la Historia. Luzán no sólo lo justifica sino que incluye los estatutos de la nonata academia. El Informe sobre Casas de Moneda corresponde a los cargos de Luzán como superintendente de la ceca madrileña y miembro de la Junta de Comercio y Moneda; el Informe sobre las cartas de Van Hoey concierne al proyecto de traducción al español de la colección de cartas del embajador de los Países Bajos en Francia sobre asuntos de política internacional, publicada en Londres y 1743.

 

Ignacio de Luzán. Obras raras y desconocidas, vol. I. Traducción de los epigramas latinos de Christoph Weigel. Carta latina de Ignacio Philalethes. Plan de una Academia de Ciencias y Artes. Informe sobre Casas de Moneda. Informe sobre las Cartas de Van Hoey. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1990.  

 

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       Esta edición recupera, restaura e interpreta el Discurso apologético de Don Iñigo de  Lanuza, firmado con ese seudónimo que de forma tan trasparente señala a su autor. La Poética de Luzán había visto la luz en 1737, coincidiendo con la aparición en nuestro país de la primera publicación periódica dedicada a la crítica en materias científicas y literarias, el Diario de los literatos de España, cuyo volumen cuarto (1738) se abría con un extenso artículo dedicado a reseñar y valorar la mencionada Poética, haciendo el resumen o extracto Juan Martínez Salafranca, y la crítica el erudito Juan de Iriarte, tío del dramaturgo y fabulista Tomás de Iriarte. Don Juan afirmaba en esencia lo siguiente: el Arte nuevo de hacer comedias de Lope de Vega debía, tanto como su obra dramática, quedar exento de la censura de Luzán, cuya reprobación venía de la excesiva obediencia a la preceptiva neoclásica; esa preceptiva no podía imponerse como código universal ignorando las peculiaridades de las épocas y el diverso espíritu de los pueblos; la censura de Góngora por Luzán era asimismo excesiva; la tragicomedia no era desconocida de los antiguos; la Unidad de Tiempo no debía forzarse hasta extremos inverosímiles. Todas las objeciones de Iriarte tenían origen, en última instancia, en su defensa de la tradición literaria española frente a la pretendida universalidad de las reglas neoclásicas. El Discurso apologético, respuesta a la crítica del Diario, se publicó en 1741, y en él Luzán se reafirma en su condena del Barroco y en sus reservas frente a Lope, y defiende la claridad y sencillez de la lengua. Asimismo, y con mayor extensión, rechaza la tragicomedia desde la distinción tajante entre los dos géneros que ésta pretende amalgamar.

 

       En su exposición de los criterios que han guiado su edición, Carnero señala reiteradamente el carácter sumamente descuidado del texto original, que le ha exigido una verdadera “labor de restauración”, destacando la identificación de las obras caóticamente citadas y la fijación de los textos, tanto el de Luzán como los de sus fuentes.

 

 

Ignacio de Luzán. Obras raras y desconocidas, vol. II. Discurso apologético de Don Íñigo de Lanuza. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2003

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       Este tercer volumen está dedicado a las actividades de Luzán como miembro de distintas academias: las madrileñas Española, de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia; la barcelonesa de Buenas Letras; la particular del Buen Gusto de Madrid. Dada la diversidad de saberes requeridos por un conjunto de textos tan heterogéneo, Guillermo Carnero prefirió reunir para su edición, anotación y estudio a un equipo de especialistas, adjudicándose únicamente una parte de los materiales.


       Joaquín Álvarez Barrientos, investigador titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se ocupó de los escritos de Luzán sobre gramática y ortografía presentados a la Real Academia Española. Giovanni Battista de Cesare, catedrático de la Universidad de Nápoles, de la Oración por el hallazgo de los restos de San Agustín, ofrecida tanto en su versión italiana como en traducción española. Álvaro Soler del Campo, conservador de la Real Armería del madrileño Palacio de Oriente, de las Conjeturas sobre la espada hallada en Peñafiel (1753), que encargó a Luzán la Real Academia de la Historia. Margarita Vallejo Girvés, profesora de la Universidad de Alcalá de Henares, de la Disertación sobre el origen y patria de los godos y la Disertación sobre Ataúlfo, primer rey de los godos en España. Guillermo Carnero, además de la coordinación del volumen y la unificación de los criterios de edición y publicación, se ocupó de la Oración gratulatoria a la Real Academia de la Historia, pronunciada en enero de 1746, y la Oración gratulatoria a la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona.


Ignacio de Luzán. Obras raras y desconocidas, vol. III. Luzán y las Academias. Obra historiográfica, lingüística y varia. Zaragoza, Universidad, 2007

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       Este último volumen incluye dos textos de excepcional importancia en la bibliografía de Ignacio de Luzán: las Memorias literarias de París, y la epístola dedicatoria de su drama La razón contra la moda, traducción del original francés de Nivelle de La Chaussée titulado Le préjugé à la mode.

 

      Disponer de una edición de las Memorias literarias de París realizada con la debida exigencia filológica e historiográfica ha sido siempre una aspiración de los dieciochistas, frustrada hasta que Guillermo Carnero afrontó y resolvió los múltiples problemas que el texto imponía. Las Memorias son el resultado de la estancia de Luzán en París, como secretario de la embajada de España, desde 1747 a 1750, y habían sido impresas una sola vez, en 1751. Revelan su pertenencia al momento histórico en que fueron escritas la noción de sujeto cultural que Luzán demuestra tener: el poder real, los ministros y altos funcionarios, y las instituciones. Carnero señala así que “hay poca presencia del individuo per se en el universo cultural de Luzán”, tan poca como de la demanda del mercado frente al mecenazgo; y también que Luzán fue demasiado cauteloso y extremado en su conservadurismo cuando a su alrededor la Ilustración francesa ampliaba sus horizontes hacia la heterodoxia que unos decenios más tarde iba a ser llamada “filosofía”. Con todo, se preocupó por la mejora de la formación de los niños y reconoció el derecho de las mujeres a la educación superior, y la curiosidad que en la época las llevaba al conocimiento de las ciencias, por las cuales él mismo demostró gran interés, si bien su mayor atención se dirigió al teatro, y en concreto a la novedad que representaba entonces la “comedia sentimental”. Se ocupa asimismo Carnero, al establecer los méritos y faltas de Luzán, de lo insólito que resulta su repudio, por razones morales, del género emergente que era entonces la novela.

 

      En la obligada exposición de los criterios de edición que requiere una obra de esta naturaleza, Carnero revela la abundante deturpación del texto original y la enorme tarea de detección y corrección de errores a que se ha visto obligado. La edición va provista de una ingente bibliografía y de más de un millar de notas, y como complemento nos ofrece la Epístola dedicatoria del drama La razón contra la moda, siempre desde la referencia a las reglas del Neoclasicismo y desde la preocupación por la moralidad del que era entonces, junto al púlpito, el principal de los medios de comunicación de masas: el teatro.

 

Ignacio de Luzán. Obras raras y desconocidas, vol. IV. Memorias literarias de París. Epístola dedicatoria de La razón contra la moda. Zaragoza, Universidad, 2010.

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       En 1990 Guillermo Carnero catalogó y estudió la obra de Pedro Montengón y publicó una selección de la obra poética y dos de sus novelas, Eudoxia y El Rodrigo.


      Entre los diversos registros de la poesía de Montengón destacó la llamada “ilustrada” por los dieciochistas, y la de tema americano. La primera es la que, con propósito reformista y regenerador, elogia a los gobernantes benéficos (Carlos III y sus ministros), y exalta las actividades económicamente útiles, o la tolerancia debida a la educación y los viajes. En cuanto al tema americano, asumió la idealización primitivista del “buen salvaje” y censuró las injusticias de la colonización depredadora. Publicó asimismo dos  epopeyas, La conquista del Méjico por Hernán Cortés, donde reprueba las depravadas costumbres del pueblo azteca (esclavitud, canibalismo), y La pérdida de España reparada por el rey Pelayo.

 

       En cuanto a la obra narrativa de Montengón, Carnero se ocupa de Eusebio (1786-1788) como novela didáctica sobre la formación intelectual y moral de la personalidad; El Antenor (1788), situada en tiempos de la guerra de Troya; Eudoxia, hija de Belisario (1793), asimismo novela de formación, que define como “un Eusebio de protagonista femenino”; la novela pastoril El Mirtilo (1795), y ante todo El Rodrigo (1793). Carnero considera esta novela la obra maestra de su autor por estar libre de didactismo, y por el trazado de la personalidad del protagonista, “caracterizado por la debilidad e inestabilidad de su carácter, que permanentemente oscila entre elevados sentimientos de nobleza y honor, y las más bajas y rastreras inclinaciones”. En el terreno de la desmesura de Rodrigo destaca la organización de fiestas donde se escenifican episodios mitológicos de tema amoroso, y la violación a la que finalmente somete a Florinda, resultando el protagonista un byronic hero junto al cual aparece un villano gótico, Guntrando; además, Montengón, recalca Carnero, se complace en lo morboso, lo vesánico, lo sangriento y lo macabro, y no faltan los episodios sobrenaturales, con lo cual El Rodrigo viene a ser, citando a Menéndez Pelayo, la primera novela histórica del Romanticismo español. Doce años después de la edición alicantina, como se ha dicho, Guillermo Carnero dio una segunda de El Rodrigo en la colección Letras Hispánicas de Editorial Cátedra.


Pedro Montengón. El Rodrigo. Eudoxia, hija de Belisario. Selección de odas. Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, 1990, 2 vols.

El Rodrigo. Madrid, Cátedra, 2002

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       Gaspar Zavala y Zamora fue uno de los dramaturgos más populares del XVIII español. En el volumen titulado Estudios sobre teatro español del siglo XVIII, que figura en otro lugar de esta web, Guillermo Carnero le dedica cuatro capítulos en ese terreno, que no nos concierne aquí ya que este volumen de 1992 está exclusivamente dedicado a Zavala como autor y traductor de narraciones. En 1799 tradujo unas Novelas nuevas de Jean-Pierre Claris de Florian, interesantes por el exotismo de dos de ellas: Sélico, novela africana, ambientada en Guinea, y Camiré, novela americana, en Paraguay. Responden al gusto de la época en cuanto exaltan el amor frente a sus obstáculos, y asumen una visión idealizada de las sociedades primitivas.

 

       Son las dos grandes incursiones de Gaspar Zavala en el género narrativo las que se publican en este volumen. La Eumenia o la madrileña apareció originalmente en 1805. Se sitúa unas décadas después de la batalla de Culloden-Moor, en la que acabaron las aspiraciones a la corona de la familia Estuardo, y es un significativo eco de la simpatía despertada en su tiempo por el último pretendiente, Carlos-Eduardo, muerto en 1788. La novela despliega los componentes del género sentimental, y la obra revela, escribe Guillermo Carnero, la recepción del espíritu de Juan-Jacobo Rousseau, en cuya estela debe ser situada.

 

       Oderay, que aparece en 1804, se da en el título como una traducción del francés, y se sitúa entre “los habitantes de la América septentrional” y las tribus indias. El narrador salva la vida gracias a la intervención de una joven india llamada “Oderay” (paloma), que lo adopta como su hermano muerto supuestamente regresado del otro mundo, de modo que es aceptado por su tribu, en la que se convierte en guerrero. Estamos ante una lograda síntesis de lo sentimental y lo exótico, lo segundo en la referencia a las costumbres indias, entre ellas las creencias acerca de lo sobrenatural y la comunicación entre vivos y muertos, y en el marco del mito del buen salvaje y de un deísmo ajeno a los dogmas y las Iglesias. Es traducción casi literal, purgada de algún ingrediente heterodoxo, de un anónimo Odérahi publicado en París y 1801 pero con antecedentes anteriores, y la gran cuestión que plantea es su estrecha semejanza con Atala, René y Los Natchez de Chateaubriand. De Zavala y Zamora escribe Carnero que “aporta al Romanticismo español una discreta novela sentimental (La Eumenia) y otra altamente sentimental, enriquecida con el exotismo americano y todas sus implicaciones (Oderay)”, lo cual exige concederle un lugar digno en la historia literaria española.

 

 

Gaspar Zavala y Zamora. Obra narrativa. La Eumenia. Oderay. Barcelona, Sirmio & Universidad de Alicante, 1992.

gil albert      Guillermo Carnero ha dedicado continua atención a Juan Gil-Albert a lo largo de sus años de catedrático en la Universidad de Alicante. En 1985 consiguió que se le concediera en ella el doctorado honoris causa, y en 2004 organizó el congreso Juan Gil-Albert, la memoria y el mito, cuyas actas editó y publicó en 2007. Ya hemos tenido en cuenta, en el lugar de esta web dedicado al ensayo, el artículo dedicado a Juan Gil-Albert en Palabras en su vuelo. Además, Carnero se ha ocupado de dar a conocer la obra poética de Gil-Albert preparando la extensa antología que en 1993 publicó el Consell Valencià de Cultura, y la edición en 1998 de Las Ilusiones.

 

        Este libro, aparecido en Buenos Aires en 1944, es en opinión de Guillermo Carnero el más logrado de los de su autor, por su talante espiritual y su valor estético en relación a la poesía del destierro. Los temas que la definen tienen poca presencia en él; destaca sin embargo el tono apocalíptico de “El linaje de Edipo”, que interpreta la oposición entre las llamadas “dos Españas” como el destino de los linajes malditos de la tragedia griega. Pero en términos generales, Gil-Albert no se sintió llamado ni a prolongar el combate ideológico en el exilio ni a convertirse en un “español del éxodo y el llanto”, aunque sintiera y expresara frecuentemente la nostalgia de la patria lejana, especialmente de su paisaje.


Juan Gil Albert

       El carácter atípico del libro lo cifra el poema “Las lilas”, evocación de los primeros momentos del éxodo en la primavera de 1939, circunstancias adversas en las que el poeta se siente sin embargo compensado por la triunfante floración de las lilas y su mensaje de eternidad de la vida.  La clave de la actitud de Gil-Albert será así no el sometimiento a la coyuntura histórica de la derrota de 1939, sino el asentimiento al mensaje de la naturaleza y el amor, más allá y al margen del error y la desmesura humanos: ése es el credo de Las Ilusiones, el libro escrito en el destierro que menos se ciñe a las limitaciones y los tópicos de la poesía del destierro.


       En cuanto a la poesía de la España peninsular, su intimismo sereno prefigura el de las mejores voces del 50 y el de Luis Rosales; su culturalismo, el del grupo Cántico y el “novísimo”, aunque Juan no pudo ser el maestro que hubiera debido ser al no haber circulado Las Ilusiones hasta la reedición de 1975.


Juan Gil-Albert. Antología poética. Valencia, Consell Valencià de Cultura, 1993.

Las ilusiones. Barcelona, Mondadori, 1998

 

garciamalo

       Ignacio García Malo es uno de los escritores olvidados a los que Guillermo Carnero se propuso recuperar cuando emprendió sus investigaciones acerca de la novela española del siglo XVIII. Así su primera aportación al respecto fue la edición en 1995 del volumen titulado Voz de la naturaleza, que contiene ocho de las doce novelas de García Malo.

 

   La publicación de esas novelas viene precedida, como es preceptivo en los estudios de recuperación, de la investigación de la personalidad de su autor, y de la identificación y catalogación de sus restantes obras. García Malo nació en 1760, fue oficial en la Junta Suprema Central durante la Guerra de la Independencia, y murió en 1812. Tradujo y publicó (1794-1795) Pamela Andrews de Samuel Richardson y la Ilíada (1788). Como narrador fue autor de lo que Guillermo Carnero califica de best-seller (ya que tuvo multitud de ediciones hasta 1903): la colección titulada Voz de la naturaleza (publicada primeramente entre 1787 y 1792). Los temas afrontados por García Malo son la libre elección de estado (matrimonio, profesión religiosa) y el ejercicio de la autoridad paterna, en sus errores y excesos; la administración por las mujeres de su virtud y su honor, cuando éstos se desatienden y cuando se conservan sin por eso renunciar al amor; los temas complementarios del bueno y el falso amigo; el mal uso de la autoridad marital; el error de abandonarse a la pasión sin el freno y el control de la razón y de la moral; la excelencia y la utilidad social de la ilustración, la beneficencia y la solidaridad humanitaria. Señala Carnero que si bien García Malo no cultivó la novela epistolar, introdujo sin embargo en sus novelas cartas de tono altamente sentimental y patético, y que no recurrió, salvo excepciones, al paisaje y las fuerzas de la naturaleza como detonadores y amplificadores de las emociones. Carnero estudia asimismo las numerosas fuentes, francesas e inglesas, del universo narrativo de García Malo, y se ocupa de su obra dramática, a la que dedicamos un comentario aparte centrado en la edición en 1996 de la tragedia Doña María Pacheco.

 

Ignacio García Malo. Voz de la naturaleza.  Londres, Támesis, 1995.

978843761448     El volumen de 1995 que contiene las novelas tituladas Voz de la naturaleza dedica un apartado de su estudio preliminar a la obra dramática de García Malo, principalmente la tragedia Doña María Pacheco, mujer de Padilla, que Guillermo Carnero editó al año siguiente.


      Doña María Pacheco fue impresa en 1788 y estrenada en 1789, y tiene, entre otros, el interés de ser anterior en más de dos décadas a La viuda de Padilla de Martínez de la Rosa. Es curioso que fuera prohibida en 1801, habida cuenta de su contenido conservador, quizá por tratar el espinoso tema de la rebelión contra uno de los más notables reyes de España.


       La tesis es inequívoca. Tanto en D. Pedro López, padre del difunto Juan de Padilla, como en el marqués de Mondéjar, hermano de Dª María, prevalece el inamovible discurso ideológico conservador sobre los vínculos de sangre y familia. Dª María, cuando todo está perdido, es herida mortalmente por el mismo pueblo que antes la siguió, y en su agonía repudia la rebelión y se arrepiente de haberla encabezado. En consecuencia, no existen razones ideológicas ni agravios que justifiquen una rebelión; el pueblo es indigno de protagonizarla o secundarla, traiciona a sus líderes y carece de entidad y coherencia ideológica. En su proyecto de privar a la sublevación de entidad ideológica, García Malo convierte a la esclava Matilde en su causa última, dándonos a entender que fue, acaso usando artes mágicas, la inductora y el sostén de Juan de Padilla antes de serlo de su viuda.


       Que el mensaje de Doña María Pacheco ha de considerarse inequívocamente conservador parece fuera de duda, ya que García Malo se inspiró en las cuatro letras y el Razonamiento hecho en Villa Brágima que dedicó a las Comunidades uno de sus más enconados enemigos, fray Antonio de Guevara, dependencia tan estrecha que en muchos pasajes se limitó a poner en verso fragmentos de las Epístolas. García Malo antepuso a su edición de 1788 un prólogo donde confiesa ser consciente de haber faltado a la verdad haciendo morir en escena a Doña María arrepentida, siendo así que huyó a Portugal en compañía de su hijo, y murió en el exilio.


       En todo caso,  con el paso de los años iba a prevalecer la visión de Martínez de la Rosa, ya que las Comunidades se convirtieron entre los liberales de las Cortes de Cádiz en un símbolo y un precedente de la lucha contra el autoritarismo monárquico.


Ignacio García Malo. Doña María Pacheco, mujer de Padilla. Tragedia. Madrid, Cátedra, 1996.

41jQ5wBNpiL. SX289 BO1204203200       La Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España tuvo su origen en el encargo del Consejo de Castilla a la Real Academia de la Historia, que lo trasladó a Jovellanos. Don Gaspar se manifiesta en ella partidario de la prohibición de las corridas de toros y también de los autos sacramentales y las comedias de capa y espada, y al reconocer que el pueblo necesita diversiones reguladas por el poder entra en la parte normativa del texto. Diversiones pero no espectáculos, quedando éstos, especialmente el teatro, reservados a las clases acomodadas. Ya que el teatro es capaz de destruir el respeto a la autoridad y corromper las costumbres, propone prohibir o refundir el caudal dramático del Siglo de Oro y las posteriores comedias de magia y de santos, militares y de jaques y bandoleros; fomentar el buen teatro mediante concursos y premios, crear escuelas de arte dramático y dignificar la escenografía, el vestuario y los coliseos, produciendo un teatro capaz de preparar a la nobleza y la alta burguesía al desempeño de su futura misión de gobierno, y de convertirlas en un espejo digno de imitación.

 

         En cuanto al Informe en el expediente de Ley Agraria, el Consejo de Castilla comenzó por remitir una ingente documentación a la Real Sociedad Económica Matritense, que asimismo delegó en Jovellanos diez años después; terminado en 1794, se publicó al año siguiente. Don Gaspar conocía el pensamiento de Adam Smith, y sugirió, más que promulgar nuevas leyes restrictivas y proteccionistas, eliminar los obstáculos que se oponen a la libre acción del interés individual y de la interacción de oferta y demanda dentro de los límites de la justicia. Así recomendaba enajenar baldíos y tierras concejiles, suprimir la Mesta, limitar la amortización eclesiástica y los mayorazgos nobiliarios, establecer arrendamientos a largo plazo en régimen de enfiteusis, liberalizar el comercio interior de los productos de la tierra, reducir los impuestos indirectos, especialmente sobre artículos de primera necesidad, y suprimir los privilegios fiscales de la Iglesia. Asimismo fomentar las ciencias exactas, experimentales y aplicadas, y mejorar caminos, canales y puertos. Concluye Carnero que el Informe no puede leerse sin la emoción que suscitan el regeneracionismo de la Ilustración y poemas como “El filósofo en el campo” de Juan Meléndez Valdés.  

 

 

Gaspar Melchor de Jovellanos. Memoria sobre espectáculos. Informe sobre la Ley Agraria. Madrid, Cátedra, 1997.

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       El interés de Guillermo Carnero por José de Espronceda fue temprano: en 1974 publicó (Madrid, Júcar) un libro juvenil, anticipo del que iba a aparecer 25 años más tarde. El primero no pretendía ser un estudio erudito sino de divulgación tal como exigía la colección que lo acogió. En su lugar – el apartado de Poéticas – se dice que en 1974 Carnero se interesó inicialmente por Espronceda en función de las preguntas que se estaba haciendo acerca de la superación del intimismo de tradición romántica, sin olvidar por eso afrontar y rebatir la leyenda negra acerca de la falta de entidad del progresismo político del poeta, y realzar y demostrar su papel decisivo en la trayectoria del Romanticismo. Para Carnero, Espronceda estuvo siempre, como ciudadano y como escritor, en la última frontera, en una actitud de curiosidad, apertura, búsqueda y experimentación.


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       Se situó en la vanguardia política de su tiempo, cuyo credo lo constituían el rechazo de la cortedad de la constitución de 1837 y de la desamortización de Mendizábal, y la adopción del unicameralismo, el sufragio universal, la libertad de expresión y asociación, el sindicalismo obrero, la no confesionalidad del Estado, el socialismo utópico. En este orden de cosas, Carnero destaca el artículo “Libertad, igualdad y fraternidad”, donde Espronceda se propuso desenmascarar el moderantismo y la alianza conservadora de la burguesía y la antigua aristocracia, y el folleto El ministerio Mendizábal, inspirado en el economista Álvaro Flórez Estrada, censura de la enajenación de los bienes de manos muertas para venderlos a los tenedores de la muy depreciada deuda nacional.


       En lo literario señala Carnero cómo convierte a Espronceda en un poeta excepcional la velocidad con que fue quemando una tras otra las etapas del Romanticismo, hasta superarlo en El Diablo Mundo, al renegar del pacto confesional y autobiográfico con el lector, y del concepto demiúrgico de poeta creador.


       La nueva edición de 1999 ofrece un texto muy ampliado y totalmente reescrito desde los requerimientos de la filología y la historiogafía, con inclusión, junto a la obra poética de Espronceda, de una selección su prosa literaria y política.


José de Espronceda. Poesía y prosa: Prosa literaria y política, poesía lírica; El estudiante de Salamanca. El diablo mundo. Madrid, Espasa-Calpe, Colección Austral, nº 417. Apéndice didáctico de Ángel L. Prieto de Paula

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       En el apartado de esta web dedicado al Ensayo se da cuenta del par de capítulos sobre Jorge Guillén que incluye el volumen titulado Palabras en su vuelo (2020), sobre el episodio que Guillermo Carnero llama la “trampa sevillana”, correspondiente al momento en que en Sevilla, en cuya Universidad era Guillén catedrático, triunfó el Alzamiento de julio de 1936. A este apartado dedicado a la edición de textos conciernen los documentos tocantes a toda la vida universitaria de Guillén, que Guillermo Carnero edita en el citado volumen de 2005, donde ocupan 250 páginas. Ya que Guillén fue catedrático, entre 1925 y 1938, en las Universidades de Murcia y Sevilla, debemos dividir la documentación correspondiente a esos años en dos etapas: la murciana y la sevillana.

 

 

Etapa murciana

 

     Carnero comienza reconstruyendo la legislación que regulaba las oposiciones universitarias en 1925, y que prescribía la entrega de “un trabajo original, doctrinal o de investigación”, además de la contestación a diversos temas teóricos y prácticos. La citada investigación es el estudio titulado Cienfuegos (con poesías y documentos inéditos), que Carnero publica junto a la Memoria sobre concepto, método, fuentes y pedagogía de la lengua y la literatura españolas, el Programa de lengua y literatura, las respuestas a los dos temas que le tocaron en suerte a Guillén (Ascéticos y místicos agustinos y Caracteres de la literatura española en el siglo XIX), y los ejercicios prácticos acerca de Francisco de Medrano y el Libro de Buen Amor. Don Jorge ganó la oposición y tomó posesión de la plaza en febrero de 1926; por permuta con Pedro Salinas, pasó a la cátedra homóloga de Sevilla el 7 de octubre de 1930. La investigación sobre Cienfuegos ha sido un documento dado por perdido hasta su edición por Guillermo Carnero en 2005.     

 

Etapa sevillana

 

         La documentación principal consiste en el discurso pronunciado por Guillén el 12 de octubre de 1936, y el expediente de la Comisión depuradora incoado en 1937 y que terminó inhabilitando a Guillén “para el desempeño de cargos directivos y de confianza”. El Discurso del Día de la Raza de 1936 fue publicado en el periódico F.E. de Sevilla el 13 de octubre de 1936; se basa en la noción de Hispanidad  y enaltece la historia de España como crisol de culturas, sin referencia ni alabanza a la sublevación militar.

 

 

 

Jorge Guillén. Cienfuegos. Investigación original de la oposición a cátedra de Lengua y Literatura Española y otros inéditos (1925-1939). Valladolid, Fundación Jorge Guillén & Universidad de Valladolid, 2005.

La amistad entre Jorge Guillén y Gerardo Diego: una sorpresa. Santander, Fundación Gerardo Diego, 2009. Pliegos “La Sorpresa”, nº 3.

 

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       En otros lugares de esta web se ha tenido en cuenta la antología del poeta cordobés Pablo García Baena (2018), en lo que significa en la trayectoria creativa y en la poética de Guillermo Carnero, a cuyo respecto se ha puesto el punto de mira en el primero de los apartados de su estudio preliminar, “Un asunto de familia”. Aquí nos ocuparemos, para acabar de dar cuenta del significado de este libro, de lo tocante a la obra misma de García Baena, el más destacado de los poetas del llamado grupo Cántico.

 

        En cuanto a la poética de Cántico, Carnero señala que García Baena no fue dado a formularla en el terreno teórico, ni amigo de manifiestos: el título que dio a sus obras completas, Recogimiento, ilustra su concepto de la escritura como actividad íntima y autosuficiente. De hecho, si pretendemos encontrar formulados esos principios hemos de acudir a los artículos y reseñas que Ricardo Molina, en nombre de sus compañeros, insertaba en las páginas finales de la revista que publicaron a partir de 1947. Guillermo Carnero ha sintetizado esos principios en cinco: rechazo de la reducción de la palabra poética a vehículo para la transmisión de mensajes doctrinales; voluntad de enlace con el Barroco, el Modernismo y la Generación del 27; rechazo del Romanticismo confesional, del Purismo, del Surrealismo, del tremendismo de posguerra, de la poesía social y de toda autocensura que exija lo común, lo cotidiano y lo contemporáneo en nombre de la comunicación mayoritaria; opción por un humanismo integral y vitalista; adhesión a los referentes culturales.

 

           En el apartado “Santoral al dorso” propone Carnero para la poesía de García Baena el concepto de “culturalismo religioso”, fórmula que ha sido a menudo mal entendida como si supusiera negar las convicciones propias de un creyente. Culturalismo, afirma Carnero, es “la proyección del yo lírico en personajes y circunstancias externas que lo expresan indirectamente y por analogía”. Al haber García Baena tomado sus referentes de la religiosidad andaluza, “tan llamativamente distintiva por su densidad estética, su arraigo en la vida familiar y su presencia en el ámbito familiar y en el callejero”, la ha convertido en un universo simbólico independiente de las creencias aunque no contrario a ellas, lo cual impide considerar los poemas así fundados como mera poesía religiosa: lo confirma el comentario y análisis de poemas como “Verónica” o “Viernes Santo”.

 

 

Pablo García Baena. Un navío cargado de palomas y especias (Antología). Sevilla, Centro Andaluz de las Letras, 2018.